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ENTREVISTA DE EL MUNDO A RUBÉN MASIÀ: "LAS FAMILIAS NO TIENEN DINERO NI SIQUIERA PARA COMER"

FUENTE:PERIÓDICO EL MUNDO

El vicepresidente segundo del Consejo General de Trabajo Social y tesorero del Colegio Oficial de Valencia cree que la actual crisis sanitaria ha hecho visibles todas las debilidades del sistema

Rubén Masià desempeña su labor en uno de los centros municipales de la ciudad de Valencia. En la reciente reunión de la Federación Internacional de Trabajadores Sociales, el también vicepresidente segundo del Consejo General de Trabajo Social y tesorero del Colegio Oficial de Valencia expuso la situación de España y las iniciativas que se están planteando contra el Covid-19.

PREGUNTA: ¿Cuáles son los principales efectos que está causando la pandemia en el tejido social?

 RESPUESTA: Lo primero que está provocando es mucha más pobreza. Partiendo de una protección social débil y de unas políticas flojas y laxas de vivienda, empleo, etc., la crisis ha venido a mostrarnos la realidad de nuestra sociedad. Han emergido todas las penurias de las familias: los modos de vida precarios o pendientes de un hilo se han roto. La necesidad de las familias es comer, no tienen dinero ni siquiera para alimentos. Las personas que estaban trabajando en B o en negro, las que limpiaban casas o cuidaban a dependientes, las que estaban de extra en bares o restaurantes o vivían de recoger chatarra, todo esto se ha terminado. Como son gente que vivía al límite, día a día, al margen de la exclusión social, ahora se han caído completamente. Si la sociedad se para, estas personas no tienen de dónde ingresar. Estamos recibiendo miles y miles de llamadas a la semana, incluso correos electrónicos en los centros de servicios sociales, pidiendo ayuda. Ayuda para comer.

PREGUNTA: ¿Cuántas llamadas de este tipo se suelen recibir de media al día?

RESPUESTA: Yo trabajo en el centro municipal de servicios sociales de la zona de Trafalgar, donde abarcamos una población de más de 80.000 personas. Tenemos cuatro líneas de teléfono habilitadas, pero hay mucha gente que llama y está comunicando porque no podemos atenderlas todas. Son más de cien las llamadas que registramos cada día, más las que se pierden. Y tal vez unos veinte correos electrónicos.

PREGUNTA: ¿Cuáles son las principales líneas de actuación de los trabajadores sociales ante los problemas que causa el virus?

RESPUESTA: A nivel nacional estamos trabajando codo a codo con el Ministerio para desarrollar la -en mi opinión, mal llamada- renta mínima vital. Hemos creado también un grupo de trabajo formado por expertos en emergencias que se reúne semanalmente y organiza encuentros online para compartir información y lograr una unidad de acción. Este grupo crea publicaciones con recomendaciones para los trabajadores sociales sanitarios, sobre cómo gestionar y coordinar mejor los servicios sociales, sobre educación, etc. Todo ello resulta muy útil y está siendo muy bien aceptado por los profesionales.

PREGUNTA: ¿Cómo describiría su día a día sobre el terreno?

 RESPUESTA: Es un tremendo caos, un desastre se mire como se mire. En los grupos de trabajo hay mucha presión y estrés. Los centros de servicios sociales tienen distintos programas: dependencia, servicios a domicilio, rentas... Todos ellos se han deshecho y se han conformado en un programa único de ayudas. Por tanto, el 99% del tiempo se emplea en tramitar estas ayudas económicas. Todo empieza con una llamada telefónica al centro de una persona o una familia desesperada que te cuenta su situación, te explica su agobio y la imposibilidad de conseguir ingresos. Esa desesperación se absorbe por el profesional, y no se trata sólo de una llamada: atendemos fácilmente veinte al día. Luego tenemos la premura de montar la ayuda administrativamente y de que pueda salir ese mismo día. A ello hay que sumar que somos menos de la mitad del personal. Mucha gente no está en su puesto de trabajo, bien porque se encuentra de baja directamente o porque tiene algún tipo de patología que le exime de trabajar. Así que somos menos y tenemos muchísimo más trabajo, un trabajo además bastante pesado y emocionalmente muy exigente. A ello se suma la descoordinación que existe en los niveles jerárquicos superiores. Me refiero a la coordinación a nivel municipal, con la Generalitat y con otros sistemas como el de Educación. Desde este departamento están mandando correos masivos a padres y madres para que si alguien tiene algún problema acuda a servicios sociales, y esto sin haberlo consultado antes. No a todo el mundo le podemos tramitar una ayuda, hay que cumplir unos mínimos requisitos de ingresos. Lo peor es la desinformación, que crea unas expectativas en las familias y las personas que luego no se pueden cumplir y sólo consigue hacer más grande su dolor y su desesperación.

PREGUNTA: ¿Cree entonces que existe un caos institucional?

RESPUESTA: Por supuesto. Esta crisis ha destapado las debilidades del sistema, y una de ellas es la falta de coordinación. Tampoco existía ninguna planificación en un supuesto de crisis. Y es que planificar en servicios sociales es un lujo: estamos tan metidos en el día a día que tener un momento para planificar algo es lo excepcional.

PREGUNTA: ¿Qué conclusiones salieron de la reciente reunión de la Federación Internacional de Trabajadores Sociales, en la que participó usted?

RESPUESTA: En el plano internacional resulta bastante complejo encajar cualquier idea, porque cada país tiene su realidad y su propia forma de aplicar el trabajo social. Respecto a los ERTE, la tasa ordinaria de los autónomos y la renta mínima vital, la comunidad internacional aplaudía esas medidas. Es verdad que en España jamás se han tomado medidas sociales de esta envergadura, aunque también es cierto que nunca habíamos sufrido una crisis de este calado.

PREGUNTA: ¿Hay experiencias de otros países que piensa que podrían aplicarse en España?

RESPUESTA: Portugal ha reconocido el permiso de residencia a los inmigrantes que lo habían solicitado. Esto les beneficia directamente porque ya se les puede proteger como a un ciudadano más. Es un tema bastante delicado: a una persona que no tiene NIE, que simplemente tiene pasaporte, no se le puede fiscalizar en España. Si no las puedo contabilizar, es muy difícil que proteja sus derechos sociales. En la Comunidad Valenciana no nos basamos tanto en el NIE o el pasaporte, sino en la residencia efectiva: donde alguien pueda demostrar de manera fehaciente que está viviendo, ese municipio va a proteger sus derechos sociales y humanos.

 PREGUNTA: ¿Piensa que se está presionando demasiado pronto para una desescalada?

RESPUESTA: Recientemente nos hemos preguntado en el centro de servicios sociales qué consideramos mínimo para volver a atender al público. No estamos toda la plantilla, tenemos equipos de protección, aunque no suficientes, para poder atender. Los centros no están aún equipados con mamparas ni tienen control de accesos y habría que establecer obligaciones para los usuarios como la de llevar mascarilla para ser atendidos. Creo que se está yendo demasiado deprisa y se está presionando mucho, sobre todo desde los sectores económicos, para volver a la normalidad.

 PREGUNTA: ¿Qué cambios irreversibles cree que dejará la pandemia a nivel social? ¿Será una sociedad más solidaria o más insularizada?

 RESPUESTA: Siempre se ha dicho que la sociedad española es muy solidaria en tiempos de crisis. Todo el mundo se vuelca, hay movimientos asociativos e iniciativas creativas, pero sólo en los momentos duros. Después parecería que nos olvidamos. Es verdad que la crisis y la necesidad provocan solidaridad, pero el capitalismo y el neoliberalismo tienden a la individualización. Y más ahora con este tipo de virus que incide directamente en las relaciones sociales y al contacto. A los nórdicos no les está afectando de la misma forma que a los mediterráneos. En el norte están acostumbrados a estar en casa, e incluso montan allí fiestas y no salen tanto, pero los mediterráneos somos de terraza y de sol. Nuestro instinto socializador va a ser imparable y las relaciones volverán a la normalidad, al menos eso espero.

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